Estilos de aprendizaje

En la actualidad, la docencia universitaria está inmersa en una fase de profunda transformación como consecuencia, principalmente, del proceso de convergencia europea. Esta transformación reclama métodos docentes en los que el profesor deje de ser el centro del proceso de aprendizaje y ceda el protagonismo a los propios alumnos, de forma que sean capaces de construir su propio conocimiento (teoría constructivista), en vez de simplemente adquirirlo, mientras cultivan las habilidades que precisarán en el futuro.

En la literatura de educación conviven una gran variedad de metodologías y técnicas docentes que se caracterizan, precisamente, por centrar la atención del proceso educativo en el propio alumno, haciéndole responsable y constructor de su propio aprendizaje. En estos métodos, el alumno, a través del aprendizaje autónomo (Autonomous Learning), se hace responsable del proceso de aprendizaje, adquiriendo un papel más activo y un mayor control sobre dicho proceso. Con este tipo de aprendizaje se busca que en el alumno se activen una serie de procesos cognitivos básicos como, por ejemplo, la selección y retención de información, la organización y elaboración de nueva información, su integración en los conocimientos ya poseídos y su aplicación a las nuevas situaciones de aprendizaje.

Aprendizaje Autónomo

Pero la mayoría de estas metodologías y enfoques subrayan la necesidad de conseguir que el aprendizaje se construya compatibilizando el trabajo autónomo con el trabajo colaborativo (Collaborative Learning). Éste es el caso de técnicas tan conocidas como son el método del caso, el aprendizaje basado en problemas, el aprendizaje basado en proyectos, Jigsaw o técnica de rompecabezas, Teams Games Tournaments, utilización del Portfolio, etc., sobre las que existe una amplia documentación, que va desde los fundamentos teóricos hasta su aplicación práctica, pasando por el estudio de sus efectos.

Aprendizaje Colaborativo

El aprendizaje colaborativo constituye un proceso de construcción social en el que cada individuo aprende más de lo que aprendería por sí mismo, debido a la interacción con otros miembros de su grupo de estudio o trabajo, y en el que cada miembro se considera responsable de su propio aprendizaje y del de sus compañeros. Gracias a este tipo de aprendizaje los estudiantes no sólo aprenden más, sino que recuerdan por más tiempo el contenido, desarrollan habilidades de razonamiento superior y de pensamiento crítico y se sienten más confiados y aceptados por ellos mismos y por los demás.

Este tipo de aprendizaje, en el que los objetivos de los individuos están ligados de tal manera que un individuo sólo puede alcanzar su objetivo sí y sólo si los demás alcanzan los suyos, contrasta con el aprendizaje autónomo/individualista, en el que el éxito de un alumno es independiente del alcanzado por los demás, pero también con el conocido como aprendizaje competitivo (Competitive Learning) en el que cada alumno trabaja en contra de los demás para alcanzar sus objetivos. El aprendizaje competitivo, que puede ser de tipo interpersonal (entre individuos) o intergrupal (entre grupos), involucra un alto grado de egoísmo lo que se traduce habitualmente en la aparición de conflictos entre los estudiantes.

Aprendizaje CompetitivoAunque diversos estudios y autores consideran que los métodos colaborativos poseen mayores beneficios con respecto a enfoques individualistas y competitivos, también es cierto que estos últimos poseen cualidades innegables si se conoce cuándo y cómo emplearlos de forma apropiada, evitando así algunos de sus efectos perjudiciales. Es necesario, por tanto, desarrollar nuevas metodologías docentes que integren estos tres estilos de aprendizaje y que permitan generar sinergias positivas que hagan posible una formación más acorde con las necesidades actuales. De esta forma contribuiremos a acercar a la Universidad, y en definitiva a la docencia universitaria, a lo que la sociedad y las empresas esperan realmente de ella.